El Visual Thinking y Yo

Ver para Emprender. El poder de las imágenes para crear, transformar y materializar.

Me costó mucho dar con el nombre de lo que hoy se conoce como Visual Thinking. Para mí fue un camino de descubrimiento. Tomé cientos de cafés con mucha gente, pregunté y me pregunté incontables veces qué es lo que hago y en qué soy buena.

La gente me decía: “yo veo que vos haces dibujitos, pegás papelitos, pero no entiendo a qué te dedicas”. Les respondía: “yo tampoco”.

Con mi amiga Ine de Tui Estudio, buscando explicar su emprendimiento.

Me capacité Experiencia de Usuario y en Arquitectura de la Información. Participé de la comunidad IxDA, donde me ayudaron mucho a dar forma al primer taller que di para explicar qué era lo que creía que hacía.

Conté con el apoyo de Inicia Comunidad de Emprendedores, con quienes gané un viaje a Barcelona para potenciar mi lado emprendedor. Me ayudaron a capacitarme y a conectarme con personas muy valiosas que me dieron una mano.

Foto: María Nieves en Designit BCN.

En Barcelona ofrecí mi trabajo a modo de intercambio: una sesión de Visual Thinking a cambio de conocer equipos de trabajo, y de recibir feedback!

Durante todo esto trabajaba en Casa Indus, un espacio de trabajo en red, compartido con amigas/os y colegas.

Reunión improvisada en un pasillo de Casa Indus Coworking


En cada experiencia me enriquecí:
gané un método, un tablero, una forma de ver, una herramienta que aplicar, un número de teléfono con el que contar a futuro.

Cuando gané el viaje mi emprendimiento de entonces llegaba a su etapa oscura: no me hacía feliz, no era lo que quería potenciar. El emprendimiento que yo tenía no iba por la vía del negocio que yo soñaba. Pero tenía un compromiso con Inicia y entonces me dediqué un año entero a hacer introspección y a definir de manera activa lo que quería hacer.

En medio de la crisis me reencontré con herramientas visuales que me ayudaron a entender dónde estaba parada y a dónde quería ir

Y así estaba mi ventana en esos días (y era sólo una de las paredes!).

Mirando hacia atrás, siempre pensé de manera visual: los apuntes del colegio los tomaba no en modo dictado sino con dibujitos. Para mis amigos, en vez de comprar regalos de cumpleaños, armaba historietas en las que eramos protagonistas de una anécdota que habíamos vivido juntos. Escuchaba a mis amigas con un problema y las ayudaba a resolverlo tomando decisiones concretas. Bajaba a un papel lo que me decían y después mirábamos todo hasta encontrar soluciones como puntos que se unen en la pared.

Más adelante estudié Diseño Gráfico en la FADU y mi primer emprendimiento tuvo la forma de un estudio de producción infográfica. Y, aún así y por más cliché que pueda sonar, no me hacía feliz. Si bien me iba bien y como emprendimiento tenía algo rentable, mi talento no alcanzaba su máximo exponente ni se mostraba en todas sus formas.

Todo el mundo tiene un don y un talento. Todo el mundo tiene algo que le sale fácil y bien. Si siempre supe que lo mío estaba en el mundo visual, me faltaba desarrollar en qué forma iba a ofrecer mi talento al mundo de manera rentable y sostenible en el tiempo.


Antes de empezar a desarrollar una solución, me pregunté: ¿Cómo puedo hacer un emprendimiento de esto que amo hacer y que me sale tan natural?

Tuve que probar. De la primera idea que tuve armé un taller con gente amiga y salió mal. Pero no me detuve. A la semana volví a al ruedo y salió un poquito mejor.

Uno de los primeros talleres de los domingos, con gente amiga, en mi casita!

Empecé a pulir el nido de ideas que tenía hasta que empezó a tener la forma de un producto. Para validar el producto tuve que salir a buscar a quién ofrecérselo. ¿Quiénes necesitan lo que yo tengo para dar? ¿Saben lo que necesitan? ¿Con qué nombre lo buscan? ¿Cuánto pagan, si es que pagan por esto?

Y por supuesto que para descubrir eso, también lo visualicé, literalmente, en la pared de mi depa!

En esta parte es donde llegan los dos grandes aprendizajes del camino:

1. No tengas miedo de soltar lo que no te suma. Yo tenía un camino trazado, que iba bien y que me dejaba tranquila. Me podía quedar con eso. Pero si escuchaba a mi corazón, quizá me decía que ese camino se cortaba y que iba a estar todo bien. Que podía empezar un camino nuevo con el que iba a estar más sonriente.

2. Que te dé verguenza. Salí a la cancha con lo que tengas y testealo. Aprendé de tu producto a medias, optimizalo cada vez que lo muestres en vez de guardarlo hasta que quede perfecto. Es muy probable que para ese entonces haya pasado mucho tiempo.

El camino de probar, ir para atrás, volver a avanzar, escucharse, tomar otro lado, abrir esta puerta, etc. puede ser muy enroscado pero acá es donde pienso en El Principito y recuerdo esta frase: “Caminando en línea recta uno no puede llegar muy lejos”.

Hacer este camino sinuoso y guiada por el corazón, por la intuición, hace que pueda vivir de eso que a mí me gusta hacer.

Una estrategia puede llevarse a cabo de diferentes formas: yo armé tableros de visión para cada pregunta que llegó a mi mente. Desglosé mis tableros en tareas que, a lo largo del tiempo y de cumplirlas una a una, me llevarían a la concreción de lo que había empezado siendo un deseo. A esas tareas les apliqué el método Kanban y les asigné un “pendiente”, “en proceso”, “listas”.

No hay una herramienta mejor que otra. Lo que importa es poder desarrollar esa estrategia y que esté siempre presente para guiarnos en el día a día, de tarea en tarea.

Te invito a diseñar tis planes de acción con estas herramientas y a poner a prueba las estrategias que tengan pensadas para que puedas hacer de sus dones y talentos un empredimiento exitoso. No por la solvencia económica, que se espera pero no será fundamental, sino porque es la oportunidad para hacer lo que mejor te sale hacer, disfrutar de eso y hacerlo sostenible en el tiempo.